El futuro de Vitoria-Gasteiz, ¿en manos de Miren Larrión?

Que Miren Larrión es una de las figuras de moda en el panorama político vasco es una realidad innegable. Pasó de ser esa desconocida apuesta de EH Bildu contra...
Foto: eh bildu
Foto: eh bildu

Que Miren Larrión es una de las figuras de moda en el panorama político vasco es una realidad innegable. Pasó de ser esa desconocida apuesta de EH Bildu contra Javier Maroto en las municipales de mayo de 2015, a ser aclamada frente al Ayuntamiento de Vitoria, no por haber sido investida para dirigir la capital vasca, sino por haber impulsado un frente con Podemos e IU-Equo para desalojar al PP de las ayudas sociales y los magrebíes, haciendo alcalde a Gorka Urtaran (PNV).

Gasteiz necesitaba un gobierno de cambio ante la fractura racista que vivía la ciudad, y Larrión fue una de las principales artífices de que ese cambio se hiciese realidad. Tanto es así, que durante la campaña electoral de aquellas municipales sólo le limitaba a decir, eso si, una y otra vez, que su único objetivo era sacar a Javier Maroto de la alcaldía. Y lo consiguió. Y no le importó que a cambio, su rival político más cercano, Gorka Urtaran, liderase la ciudad. Eran tiempos de remar todos en la misma dirección para construir una ciudad mejor, más solidaria, más amable con el de fuera, y sobre todo, más diversa. Quedaban 4 años por delante, y a pesar del agujero, cuasi-bancarrota, que el PP dejó en el consistorio, la voluntad de todos los partidos del cambio era la de hacer avanzar a la ciudad entre todos y todas. Tanto es así que EH Bildu pactó con el PNV los presupuestos del 2016.

Eran tiempos de vino y rosas. Había entendimiento. Se conocían y reconocían las debilidades y fortalezas de cada uno. Se asumían las dificultades económicas como obstáculos salvables. Se guardaban las distancias, pero se caminaba de la mano. Larrión era una de las principales protagonistas y promotoras de esta bonita historia de amor. Amor por una ciudad. Amor por una ciudadanía, la de Gasteiz. Amor por el diferente.

Y no nos vamos a engañar, Miren Larrión nos gustaba. Y mucho. Generaba confianza. Cercana, rotunda, sincera, directa, e incluso, hasta entrañable. Pero sobre todo. Representaba nuevos tiempos. Su ortodoxia representaba futuro. Tan necesario en la izquierda abertzale. Y tuvo algo que no es muy habitual en el mundo de la política. La generosidad. Demostró que el interés colectivo estaba por encima de su interés individual. Demostró que no miraba más allá que construir una ciudad y un país mejores. Y siempre se lo agradeceremos.

Pero todo eso cambió. Cambió de manera radical. Y cambió porque la carrera política de esta ingeniera de Legazpi comenzó a subir como la espuma. Miren Larrión pasó de ser la Presidenta de la Ikastola Armentia, a encabezar la lista de EH Bildu al Parlamento Vasco por Álava en apenas dos años. No en vano, se ha convertido en el principal valor de la coalición en el territorio.

Y llegó la campaña electoral donde buena parte de las luces y los taquígrafos pusieron el foco sobre ella, más aún si cabe tras la inhabilitación de Arnaldo Otegi. Prensa, radio, incluso debates televisivos con el mismísimo Lehenkadari, se convirtieron para ella en rutina. Pero lo mismo que su carrera política creció de manera fulgurante, también lo hizo su ego.

Tras las elecciones autonómicas, y tras no conseguir convertirse en la portavoz de EH Bildu en el Parlamento Vasco, cargo que le hubiera encantado asumir, regresó a su puesto de trabajo como portavoz de su formación en el Ayuntamiento de Vitoria, cargo que compatibilizará con el de parlamentaria, como ya hiciese Javier Maroto.

Y a su regreso a las dependencias municipales se encontró de bruces la negociación de los presupuestos de 2017 con el PNV. La ciudad debía seguir avanzando y creciendo. No sabemos si al mismo ritmo que crece Larrión, pero debía seguir haciéndolo. Y había que sentarse a negociar en qué y cómo se debía gastar el actual gobierno municipal los dineros de la ciudad. Todos los partidos, a excepción del PP, se esperaban una negociación sencilla. Cada grupo político haría sus enmiendas, y casi con total seguridad, estas serían aprobadas para poder seguir caminando juntos construyendo ciudad.

Pero no ha sido así. Tras tocar las mieles de la alta política de nuestro país, Miren Larrión ya nunca ha vuelto a ser la misma. De trato altivo, ciertamente soberbio, y con una ambición desmesurada, ha pasado de aspirar a construir el futuro de todos y todas, a sólo pretender construir el suyo propio. Su NO rotundo a negociar los Presupuestos de 2017 para Vitoria-Gasteiz se debe única y exclusivamente a un motivo. Su interés personal. Ni tan siquiera el de su partido. Se ha propuesto hacer desfallecer al actual alcalde, que ella precisamente promovió, dejándole sin recursos, y sin margen de maniobra para poder hacer valer su gestión, y por ende, para conseguir que la ciudad avance. Quiere demostrar al mundo, tal y como proclama en privado que ella “quita y pone alcaldes cuando le da la gana”.

Le hemos visto en entrevistas de televisión, como la de VTV, o le oímos en la radio, como la de la Cadena Ser, y vemos a una persona que va a dando lecciones al personal como si llevase toda la vida ejerciendo la profesión, cuando en realidad, acaba de llegar, y se le nota. Por mucho que ella crea lo contrario. Por mucho que pueda “manejar” a su antojo ciertos parámetros del Ayuntamiento de Vitoria, debido exclusivamente a la debilidad numérica del equipo de gobierno. No a estrategia, ni a destreza. Tan sólo a debilidad numérica. Porque si hubiese tenido destreza o trayectoria, habría salido airosa de aquel encontronazo en directo con Iñigo Urkullu en el debate electoral de ETB-2. Y no sólo no lo hizo, sino que fue indultada por el adversario para no hacer más sangre.

Pero volviendo a Gasteiz, y ya para finalizar, el ego que preside su personalidad actual puede que haga que no tengamos presupuesto, y que la ciudad no avance. Nos quedaremos sin ese cambio efectivo que nos prometieron a los ciudadanos, y que, por ende, dicho gobierno del cambio se debilite hasta el punto de que no va a ser ella, sino el PP quien termine por recoger las cenizas. Los populares, casi con total seguridad, resurgiran de nuevo hacía la alcaldía en 2019 ante el esperpento que vamos a tener que vivir en la capital de Euskadi en los próximos tiempos. Por tanto, con su actitud, y sus decisiones, estaría haciéndole un favor a España, pues Vitoria-Gasteiz, único bastión españolista en Euskadi durante los últimos 20 años, volverá a sus manos cual pica en Flandes, y nuestro país no podrá consolidar el camino iniciado en 2015, donde las capitales vascas, diputaciones, y Gobierno, están regidos desde criterios abertzales. Incluyendo el Ayuntamiento de Pamplona y el Gobierno de Navarra.

Tanto es así, que nos cuentan que en los mentideros de los populares de Madrid, han dado la consigna de que el PP de Vitoria frene sus acometidas contra el Urtaran y su equipo, porque “ya nos está haciendo el trabajo sucio Miren Larrión”. Y esto no positivo, ni para ella, ni para la ciudad, ni para el país, ni para su propio partido.

Aún hay tiempo para evitar esta catástrofe. Aún hay tiempo para salvar a Vitoria-Gasteiz de un nuevo golpe que podría ser letal para su futuro. Aún hay tiempo para evitar que la capital de Euskadi vuelva al contador de los españolistas. Aún estamos a tiempo de recuperar ese activo que supuso Larrión para la ciudad. En tus manos está, Miren.

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